Del acné a la Urticaria

Me llamo Adriadna Carranza tengo 19 años y mi historia es la siguiente. Comencé a transitar el largo y duro camino de la urticaria el año pasado, 2016.

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En verano de ese mismo año tuve un gran brote de acné que afectó principalmente mi cuello, pecho y espalda, y significó el peor momento de mi vida. Fueron largos meses de visitas al dermatólogo. Probé con cremas, geles, pastillas, jabones y nada sirvió. Llegó septiembre y visité a una dermatóloga que vió mi larga historia clínica y todos los tratamientos que hice, que resultaron en vano, por lo que decidió mandarme un nuevo tratamiento oral acompañado de tratamiento tópico.

Mi nuevo tratamiento consistía en tomar limeciclina de 150 mg, una cápsula por día y aplicar adapalene en las lesiones. Al cabo de un mes estaba fantástica, mi piel era hermosa y por fin me sentía bien conmigo misma. Pero mientras tomaba el antibiótico notaba que me salían una o dos ronchas cada tres o cuatro días pero no le daba importancia. Cuando terminó éste tratamiento para el acné, tuve mi primer episodio de lo que sería mi mayor pesadilla.

Una noche de octubre estaba durmiendo cuando me despertó un ardor por todo mi cuerpo. Sentía que toda yo hervía, entonces corrí a encender la luz y ví mis brazos, mis hombros y mi cintura llena de habones, algunas tan grandes como una mano. Lo primero que hice fue sacudir todas las sábanas, porque pensé que un bicho me podría haber picado, me tomé un antihistamínico (conocía de ellos porque mi acné en el cuello era muy molesto y para calmar la picazón tomaba uno) intenté tranquilizarme y me dormí.

Al siguiente día, las secuelas eran casi imperceptibles. Al cabo de unas horas desaparecieron completamente. Mis días hasta volver al dermatólogo fueron un infierno. Me brotaba todas las noches, no lo podía controlar y siempre desaparecían en unas horas.

Cuando volví a ver a mi dermatólogo, me inspeccionó primero mi piel para ver los resultados del tratamiento para el acné y me dió el visto bueno, estaba impecable y sólo tenía que seguir con la crema. Inmediatamente le conté lo de mis episodios de ronchas, como en ese momento no tenía ninguna para mostrarle, le mostré las fotos que me había sacado con el móvil. El doctor observó las fotos, me preguntó desde cuando ocurría eso, cuánto tiempo duraba, si comí algo nuevo últimamente, etc y su diagnóstico fue: URTICARIA.

Llevaba 3 semanas de tratamiento por lo que también fue: URTICARIA CRÓNICA. Enseguida me mandó a realizar docenas de análisis para detectar el desencadenante que nunca pudimos hallar. Pues no era alérgica a nada. Me ordenó tomar 2 antihistamínicos por día, llegando a veces a 3. Subí varios kilos, las pastillas evitaban las ronchas pero no las curaban. Si un día dejaba de tomar me brotaba muy grave. Hubo ocasiones en las que tuve que ir a urgencias porque la garganta se me llegaba a cerrar.

Después de un mes volví a ver a mi dermatólogo y me comentó que esta enfermedad no tenía cura, que se podía tratar si se daba con el tratamiento adecuado y que teníamos que intentar conseguirlo. Yo ya no quería saber más nada, me sentía muy deprimida, ya no tenía vida social, esta enfermedad me acomplejaba muchísimo y a pesar de todo el dinero que gastaba en antialérgicos no me curaba y sólo me hacía subir de peso.

Mi dermatólogo me mandó a realizarme otra serie de análisis pero había decidido no visitarlo más y cambiar de médico. Yo estaba segura y siempre presentí que la  limeciclina fue la culpable de mi urticaria, incluso en el prospecto tenía como efecto secundario urticaria. Visité otro dermatólogo, el que examinó mi historia clínica y me propuso probar con Omalizumab, me dio una serie de análisis a realizar antes de empezar con el tratamiento pero tampoco me los quise realizar. Estaba cansada de tratamientos, de médicos, de todo, sólo quería que me curen y punto pero ya no quería someterme más a nada.

Llegó marzo, mi urticaria sólo la controlaba con 2 antihistamínicos por día, empecé la facultad, me olvidaba de tomar mis píldoras pero notaba que eso no influenciaba, ya no me salían como antes, hasta que en un momento no volvieron a aparecer hasta ahora. Hoy llevo 8 meses sin ronchas sobre mi cuerpo, espero que no aparezcan jamás. No sé a qué se debe su desaparición repentina pero pude recuperar mi vida.

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