Níquel y Urticaria. Mi historia

llave colgante

Hola, mi nombre es Marianela Fuentes, soy de Caracas Venezuela.

Y esta es mi historia:

Cumplir 15 años en mi país es toda una celebración, pero para mí ese año no lo fue. En mi espalda tenía un test de piel para averiguar si tenía alergia a los metales, justo estaba en el cuarto día de los siete que dura la prueba. Recuerdo perfectamente el calor que sentía en uno de los agentes y el brote tan fuerte que empezó a desbordar del parche que contenía ese metal. En la posterior al test, el dermatólogo me dijo que tenía alergia al Níquel y que eso era lo que me había estado causando ronchas en la piel durante todo el año. Sólo con dejar de utilizar accesorios de este metal pude seguir con mi vida tranquilamente.

Años después, me empezaron a aparecer brotes cuando consumía ciertos alimentos: atún, tomates en lata, espinacas o apio. Aunque al acudir a urgencias me lo trataban como si se tratara de una intoxicación alimenticia.

Al cumplir los 26 años, después de un largo día de trabajo me empezó a dar un brote en las piernas, muy distinto a los demás. Persistía con los días después de acudir a urgencias. Intentaba variar mi alimentación y nada funcionaba. Nerviosa acudí al alergólogo, el cual me diagnosticó URTICARIA CRÓNICA, en el test de los agentes alérgenos no salió nada. Duré 9 meses tomando antihistamínicos todos los días, pero no calmaban mi urticaria.

Un día amanecí sin una sola roncha, mi esposo y yo habíamos concebido un hermoso bebé. Desde el primer día del embarazo no tuve ni un solo brote. Luego leí que el sistema inmunológico de las mujeres se inhibe mucho durante ese período. Nació mi retoño llamado Gustavo Alonso, y vivíamos los dos felices dándole lactancia materna exclusiva por 6 meses.

Pasó el tiempo, ya debía reincorporarme al trabajo, el bebé había iniciado su alimentación complementaria y una noche empezó la pesadilla de nuevo. Tenía urticaria por todo mi cuerpo. Rostro, brazos, cuello, piernas y mi bebito necesitándote en la noche. Recuerdo que me encerré en el baño y no dormí en toda la noche. Por más antialérgicos que tomara, no me calmaba.

No acudí al alergólogo. Sabía que él no me daría respuesta, solo me enviaría antihistamínicos o el tratamiento de Xolair que en mi país en crisis es imposible acceder. Entonces recordé aquel test de piel que me hicieron. Recordé la alergia al Níquel. Recordé lo híper sensible que apareció mi true test de piel.

Empecé a investigar, y encontré muchos artículos que mencionaban que en muy raros casos la urticaria crónica se relacionaba con la alergia al Níquel.

“Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina” Hipócrates (460-370 a.C.). Hace 25 siglos, el padre de la medicina, Hipócrates, ya sabía que la alimentación tiene una influencia decisiva en nuestra salud. A partir de esta convicción probé una dieta baja en Níquel. Me quité los pendientes y cambie cosas como empezar a utilizar guantes para lavar platos.

Durante dos meses, solo me alimenté de arroz, pasta de sémola durum, remolacha, cilantro y albahaca. Alimentos que antes consumía a diario como la lechuga o la avena, empezaron a estar prohibidos en mi dieta. Los resultados se hicieron visibles desde el primer día, de tener en mi registro más de 100 ronchas pasé a tener 3 o 4. Y además, los días que intentaba incluir algunos alimentos prohibidos se notaba inmediatamente, desestabilizaba mi control de la afección.

A día de hoy he incluido algunos alimentos, pero sigo con la dieta estricta baja en Níquel. Por las noches tengo sólo 1 o 2 ronchas, y llevo 2 meses sin tomar antialérgicos. Sé que no es una historia con médicos y medicamentos, pero es mi historia con urticaria crónica. Espero que mi testimonio sirva de ayuda a otras personas como yo.

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Sobre Mariannela

Mariannela vive en Caracas, Venezuela y es una chica orgullosa de sus 28 años en este loco planeta, vegana por convicción, arquitecto, amante del running, su esposo y su bebé.