No me gustó conocerte, Urticaria

Relato_02_MaríaDelCarmen_600x300

Todo comenzó una tarde de invierno, en julio del 2013, mi mes preferido. Ya antes había sufrido de picor y habones por el cuerpo a causa de la picadura de mosquitos, abejas, insectos y algo que rocé en el campo durante mi niñez y adolescencia. Pero no eran más que unas “simples ronchas” a las que nadie prestó atención (aparentemente no había por qué preocuparse). Recuerdo también que a mis 18 años sufrí una picadura y el labio se inflamó de tal forma que mi padre me llevó volando al médico.

El 2013 fue un año para no olvidar. Llegaste a mi vida y no sabía el por qué. Empezaste con picor, aunque un antihistamínico de la farmacia de la esquina lo lograba calmar. Luego te ensañaste conmigo y el picor se hizo cada vez más intenso y las ronchas demoraban más tiempo en desaparecer. Fui a un médico internista y me pautó muchos medicamentos que solo calmaban momentáneamente mi pesar, porque luego volvía.

Pasaron los años y no me quedaba otra que acostumbrarme a tu presencia. Acostumbrarme a la cara de preocupación e impotencia de mis padres al verme con ronchas o al ver cómo me rascaba con desesperación. Acostumbrarme a ver a mi esposo no dormir tranquilo porque tus malditos picores eran más intensos por las noches y nos quitabas el sueño a los dos. Acostumbrarme a que afectes a mi entorno familiar, emocional y laboral, a que el déficit de atención y el sueño sean fatales en mi trabajo. Acostumbrarme a la vergüenza de tenerte en mis brazos, piernas, espalda y en el rostro mucho más. Acostumbrarme a ver mi cuerpo lastimado, ya que al rascarme por el picor me marcas cualquier parte por igual, de pies a cabeza y por zonas que no puedo mencionar.

Acudí a médicos especialistas (internista, dermatólogo, nutricionista y hasta al reumatólogo) y nadie sabía explicarme quién eras exactamente. Me pinchaban por aquí y por allá, me mandaban pruebas de laboratorio, me pautaban medicamentos y tú seguías ahí, agonizándome, torturándome, siendo una lata total en momentos que no debías estar, como cuando es verano y la ropa corta es tu aliada o cuando voy a la playa y con el sol también apareces. En el gym también estás ahí cuando hago ejercicio y si tengo una ponencia o un congreso y la falda es necesaria, pero tu presencia en mis piernas ¡no!

Finalmente en abril del 2016 llegó el día que supe quién eras y créeme: No me gustó conocerte, Urticaria. No puedo decir que era la primera vez que escuchaba ese nombre, pues por mi carrera ya había oído hablar de ti. Pero esta vez se agregó a tu nombre un apellido: Urticaria Crónica Espontánea.

Conocerte no es muy agradable, pues sé muy bien que te llevaré conmigo mucho tiempo más. ¿Cuánto? No lo sé.

De momento esta “guerra” no la lucho sola porque mi familia, amigos y el nuevo actor en esta novela, mi alergólogo, me están ayudando a lidiar contigo. Sé que vendrán más pinchados, más desolaciones, más desilusiones en el tratamiento, pero juntos te sabremos afrontar.

Relato_03_MaríaDelCarmen_600

Ya son casi 4 años contigo. No me gustó conocerte, ya lo dije, incluso puedo llegar a decir: “Te maldigo, Urticaria”, pero sabré vivir contigo y tus torturas y…Sabré vivir con la agonía que contigo conocí.

Antes del diagnóstico ¿conocías o habías oído hablar de la Urticaria Crónica?

Comparte tu opinión sobre esta cuestión y comenta el relato de María del Carmen en el foro, donde hemos iniciado una línea de debate.

Visitar foro.

Sobre María del Carmen

María del Carmen es médico veterinario de profesión y reside en Perú. Le encanta leer y el mar.