Un cambio de rumbo

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En tan solo un par de meses se cumplirá un año desde que la urticaria me acompaña en mi día a día. LLegó sin avisar y vino para quedarse.

Soy una chica de 21 años y el año pasado decidí embarcarme con una amiga en un voluntariado en África. Acudí a que me pusieran las vacunas para poder viajar y 5 días después amanecí llena de ronchas rojas por todo mi cuerpo. La “urti”, así es como la llamo yo, llegó sin dejar un trocito de piel libre. Y aquí es cuando empieza mi nueva vida.

Al principio los médicos me dijeron que podría ser una reacción a las vacunas y que en 6 semanas me desaparecería. No le di mucha importancia, la verdad. Me recetaron un par de antihistamínicos y me indicaron que estuviera tranquila.

Esas 6 semanas pasaron y la urticaria no desapareció. Fue entonces cuando me comunicaron que tenía urticaria crónica y que igual que había venido se iría, y por supuesto mi ilusión de viajar a África como voluntaria quedó en eso, en una ilusión.

Desde entonces he visitado una larga lista de médicos debido a que mi caso era peculiar y a día de hoy no saben si las vacunas fueron la causa o actuaron como desencadenante. Me han visitado desde internistas hasta dermatólogos, alergólogos y médicos vasculares, puesto que donde más me aparecen los habones es en las piernas y me generan problemas circulatorios.

Durante el verano fue cuando comencé a asimilar que iba a tener que vivir con ello. Tengo que reconocer que fue muy duro. Tuve que aprender a dejar de hacer cosas que antes podía hacer con total normalidad, como bañarme en el mar o en la piscina, hacer ejercicio, etc., ya que tanto el frío como el calor empeoraban mis síntomas. Llegó un momento en el que no sabía si salir con el Lorenzo a tomar un poco el sol o ponerme el aire acondicionado a tope. Pero llegué a la conclusión de que todo es cuestión de actitud y de cómo te lo tomes.

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Tras unos cuantos meses probando diferentes medicamentos junto con corticoides –estos últimos eran mis mejores amigos, ya que conseguían que las ronchas desaparecieran-, a día de hoy estoy regulada y han logrado dar con la medicación exacta que me funciona. En realidad esta enfermedad implica tener mucha paciencia, rodearse de gente que te apoye y sobre todo no darse por vencido.

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Sobre Lucía de Paz Gómez

Lucía es estudiante de derecho. Se define como una persona inquieta y soñadora a la que le encantaría recorrer el mundo entero. Siempre tiene la mente ocupada y es una apasionada del queso, la música y el cine.