Mi urticaria y yo

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Mi nombre es Lola Cañadas y soy profesora de instituto. Hija, hermana, madre, esposa, amiga de mis amigos y esperanzada ante la posibilidad de un mundo mejor.

La urticaria me visitó por primera vez cuando tenía 11 años y como consecuencia de una intoxicación alimentaria en el colegio.

Corticoides y varios tipos diferentes de antihistamínicos fueron mis compañeros muchos días de mi adolescencia. Luego, en mi juventud y madurez, lo fueron los antihistamínicos de segunda y tercera generación, mucho menos agresivos.

Se me hinchaban los ojos, la boca, la cara entera, las palmas de las manos, y el espacio entre los dedos de los pies, el cuero cabelludo y toda mi piel…Sentía calor, pero también dolor, un intenso dolor interior que me asustaba. En esos momentos me decía: “la próxima vez que me brote no lo voy a poder resistir”.

¡Cuánta gente se acuerda de mis ronchas! ¡Y en cuántos momentos estuvieron presentes! “Cuando te venga la regla, cuando tengas relaciones sexuales, cuando tengas un hijo, con el segundo,…” Siempre había un lugar para la esperanza. Pero iba cubriendo etapas en mi vida y mis ronchas siempre me acompañaron por épocas. Ahora tengo 53 años.

Existen factores desencadenantes de los síntomas, pero no necesariamente. Los cambios de temperatura, la llegada del buen tiempo, un despertar imprevisto, nervios, el calor. A veces, dándose estos factores no había ronchas y, sin darse, podía tener un brote de tal magnitud que me veía obligada a tomar cortisona. Eso me ocurrió a los pocos meses de nacer mi segundo hijo. La crisis fue tan fuerte que tuve que dejar de darle el pecho para poder medicarme.

Creo que este ha sido mi primer verano en mucho tiempo sin tomar cortisona. Me da hasta miedo contarlo porque casi no me lo creo y no quiero que mis palabras rompan la magia. Hace tiempo que los brotes son menos agresivos y que los consigo controlar sin medicación o sólo con antihistamínicos. Puede que la causa sea que estoy comenzando con los primeros trastornos de la menopausia, pero en esta ocasión creo que es debido a que practico yoga y meditación. Llevo realizando estas actividades desde hace muchos años y cada vez de forma más consciente, más en “el aquí y el ahora”.

La mente es muy poderosa y siento que la mía se está aquietando. Me gustaría convertirme en observadora de mi cuerpo, de mis pensamientos, para llevar las riendas de mi vida. En ello estoy. Como por ejemplo cuando me levanto una mañana con el labio hinchado y pienso: “en el instituto van a pensar que me he inyectado algo”, pero no me medico y no le hago caso. Otras veces mis muslos o la piel que roza con el filo de la ropa interior me arde de dolor y de calor, pero me doy una ducha y me pongo una meditación guiada; otras no se me ven ronchas, pero sé que están, que estoy cansada porque mi piel quiere enrojecerse y darme la murga, entonces intento escucharme y me tumbo, o me duermo y espero a que pase.

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Creo que mis amigas, mis compañeras las ronchas, están perdiendo la batalla y se están cansando de jugar conmigo porque han visto que ya no me asusto, que las acepto y las dejo marchar sin hacerles demasiado caso. Cada vez tengo más poder.

Releo el párrafo anterior, que me ha salido del tirón, y casi no me creo que sea yo quien esté diciendo esto. Respiro hondo, desde lo más profundo de mi ser, y pienso en todas las personas que han sufrido viéndome sufrir y les envío estas palabras, para que otras personas, que me dicen que no estoy sola con la urticaria crónica, conozcan también el relato de esta parte de mi vida.

¡Gracias!

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Sobre Lola Cañadas

Lola vive felizmente en Aguadulce, Almería. Es voluntaria en el Teléfono de la Esperanza y enseña con vocación y convicción cultura emprendedora a su alumnado presencial y a distancia de formación profesional.