Una historia de esperanza

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Ahora tengo 40 años, pero mi historia comenzó en septiembre de 1999. No recuerdo el día exacto, pero sí sé que en ese mes fue cuando me aparecieron de la nada ronchas por todo el cuerpo. Por aquél entonces yo era un chico muy normal y, sinceramente, mi aspecto físico no me preocupaba. Con 24 años lo único que me importaba era salir y pasarlo bien.

Estos primeros brotes de urticaria comenzaron a limitar mis salidas y acabaron afectando tanto mi día a día que me hundí en un estado depresivo y con muchas crisis de ansiedad.

El médico me recetó antihistamínicos, pero no me ayudaron a mejorar, por lo que me derivó al dermatólogo, que me pautó varios antihistamínicos diferentes con los mismos resultados. Mientras tanto, cada tres o cuatro días tenía que acudir a urgencias debido a los intensos brotes de habones y picor que me impedían hasta dormir. En el hospital me inyectaban un corticoide, que me calmaba tres días, pero al cuarto volvían de nuevo las severas crisis de ronchas, picores y ansiedad. Intentaba seguir con mi vida, pero muchas veces las crisis de urticaria eran tan severas que me impedían salir a la calle. Y así pasaron dos años. Finalmente el dermatólogo me recetó corticoides como pauta terapéutica. Me remitieron los brotes de ronchas y picores, pero al mes comenzaron los malditos efectos secundarios. Siempre había tenido un aspecto físico normal, y de repente, en un año, pasé a ser obeso. Así que decidí cambiar de especialista y acudí a una alergóloga, que me comentó que mis brotes de urticaria se desencadenaban por el estrés y la ansiedad. Me retiró los corticoides y me indicó otro tratamiento a base de hidroxicina y un antihistamínico. Esta nueva pauta anuló mis síntomas casi por completo y consiguió que volviera a llevar una vida normal. Me sentía feliz, pero en el 2015 volvieron de nuevo las ronchas y el picor.

En todos estos años de urticaria salí de fiesta con mis amigos y amigas todos los fines de semana. Lo pasaba genial. Reíamos, bebíamos y el alcohol anulaba por completo mis síntomas, actuando como un sedante en la piel, una “medicina” milagrosa pero engañosa, porque dos días después los brotes de urticaria eran terribles. Así que solo deseaba que llegase el fin de semana para no tener ningún tipo de síntoma. Hoy por hoy, cuando lo recuerdo, me doy cuenta del peligro que conllevaba, pues puede llegar incluso a crear adicción.

Durante los años que padecí los síntomas me volví vegetariano, comencé a hacer ejercicio físico y no sé si es por esos hábitos, que actualmente parezco incluso mucho más joven. Me cuidé muchísimo, menos los fines de semana. Mi desesperación fue tan grande durante tantos años que llegué a acudir a “brujas” para que me ayudaran a aliviar los brotes.

En el año 2013 conocí a una chica y posteriormente supe que iba a ser padre. En ese año mis brotes de urticaria desaparecieron por completo. Estuve dos años libre de cualquier síntoma y, cuando llevaba más de un mes sin tomar ningún fármaco y sabiendo que todo iba bien, lo celebré por todo lo alto.

Mi vida transcurría en la felicidad absoluta, hasta que en enero de 2015 comencé de nuevo a padecer urticaria. Esta vez fue peor que nunca. El detonante de este rebrote duro y cruel, estoy convencido que fue por causas emocionales. Durante los años anteriores que padecí urticaria crónica puede decirse que llegué a informarme muchísimo sobre la enfermedad, y podría haber escrito hasta una tesis, pero nunca supe la causa. Hasta que, a los pocos meses del nacimiento de mi hija, me di cuenta de cuál podía ser su origen en mi caso. Otra vez acudí a los corticoides y a otros fármacos, sabiendo que me calmarían, pero cada día era peor. Mi vida social se devaluaba por momentos y en muchas ocasiones me hundí por completo.

Un día, mi especialista en alergología me llamó y me propuso probar con omalizumab, un nuevo fármaco que estaba dando buenos resultados en casos severos de urticaria crónica. En mi desesperación le dije que sí, y cuál ha sido mi sorpresa que me ha funcionado. Como persona realista, ya no creía en nada, hasta el punto que por muy objetivo que intentara ser, la desesperación me llevó incluso a acudir a “brujas” y santeros. Quizás una persona que no ha padecido urticaria crónica le parecerá absurdo y surrealista, pero quien sufra esta enfermedad, me entenderá.

En resumen, este fármaco a mí me ha funcionado por completo, y hoy en día llevo una vida normal. Sinceramente, después de tantos antihistamínicos, tantos corticoides y tantas pastillas que, al menos en mí, fueron para nada, me siento feliz. No soy especialista ni nada por el estilo, pero los síntomas de mi urticaria tenían un componente psico-emocional muy importante y creo que este factor psico-emocional influye en cualquier caso de urticaria. De todas formas, después de 16 años, por fin gozo de la alegría de vivir y de no estar sujeto a ningún tipo de pastilla ni a engañosas personas que dicen ser “sanadoras”. A mí me ha funcionado y en algunas etapas de mi vida mi urticaria fue más que severa, privándome incluso de mirarme en el espejo.

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Quiero dar las gracias a mi hermosa hija y a mi mujer, que siempre me ha apoyado. También deseo darle las gracias a mi madre, que me aguantó lo que nadie puede aguantar en esos momentos de rabia que padece quien tiene urticaria crónica. No os podéis ni imaginar lo que llega a hacer una madre y un padre cuando ven en esos momentos a un hijo. Y gracias a todos y todas los que me habéis apoyado. Lo que más deseo es que mi testimonio sirva para crear esperanza en esta enfermedad que sufrimos el 1% de las personas del mundo.

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Sobre Daniel Gelabert

Daniel tiene 40 años y es padre de una niña preciosa. Desde 1999 padece Urticaria Crónica. Le encanta el cine, la música y el deporte. Decidió compartir su relato personal para animar a las personas que también sufren esta enfermedad.

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