Un nuevo estilo de vida

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Siempre con el mismo problema, me levanto por la mañana cansada de rascarme incluso dormida, algunas veces con sangre en las uñas.

– Primera pregunta: ¿De dónde es esta sangre? Anda mira, del tobillo (empeine, mano, pie, pantorrilla, etc). Me quito el pijama y aprovecho para rascarme otro poquito ¡qué me da mucho placer!

¡Qué horror! Ahora me duele donde me he rascado y encima me sigue picando…

– Siguiente pregunta: ¿Qué me pongo hoy? Una pregunta difícil para muchas mujeres, pues es aún más complicado para una mujer con urticaria crónica. Si me pongo pantalón ajustado me van a picar más las ronchas (por presión), si me pongo camiseta interior (en invierno) me voy a tener que aguantar sí o sí, porque si me la pongo me pican las ronchas (el roce) y si no me la pongo, sólo con la camisa paso frío (frío-calor). Los zapatos, pues los de todos los días porque si me pongo otros, cuando llegue a casa voy a tener los pies hinchados.

Esta situación es habitual, es el día a día que padezco. Una rutina marcada solo por una cosa: mi urticaria y yo.

Mi vida está entorno a esta enfermedad a la cual intento dar la espalda, no le doy mucha importancia, paso de ella, pero cuando me paro a pensar y me siento su víctima, me siento muy muy vulnerable.

No puedo cargar peso porque me salen ronchas con muchísimo picor y como consecuencia, en estos 11 años he perdido fuerza, masa muscular y no puedo ni abrir un bote. Parece como si tuviera “reuma” pero por todo el cuerpo.

Cuando se acerca la época de calor, tengo un sentimiento contradictorio, me encanta el calor porque soy muy friolera, pero se me ven las ronchas en mi piel blanca desde lo lejos y ¡cómo voy a enseñar yo esas ronchas tan feas, que dan hasta dolor verlas, rojas y abultadas!

Ir a la piscina me supone tragar saliva y decir, ¡me da igual quién mire! Antes ni iba, pero ahora tengo un niño pequeño que le encanta el agua y lo tengo que hacer por él. Incluso el frío del agua es inaguantable. Se me pone la piel roja y lo aguanto poco.

En muchas piscinas ponen un cartel que impide entrar al agua a cualquier persona con afecciones de la piel contagiosas. A mí no me ha pasado pero lo pienso y estoy con miedo de que me puedan invitar a salir. Sería humillante porque aunque no se contagie, eso mucha gente no lo sabe. Me paso el rato mirando a mi alrededor por si la gente me mira y hablan de mí. Es una situación un poco estresante.

La depilación es otro sacrificio. Opté por hacerme fotodepilación en ambas piernas. Invertí mi dinero en eso porque no podía depilarme cada 20 días y pasar 3-4 días con las piernas rojas, hinchadas y sin poder andar porque tenía los gemelos que eran el doble de volumen.

Las cejas sólo me las depilo cuando parezco el hombre de cromagnon. Lo suelo hacer un viernes por la noche porque se me hinchan los ojos y así por la mañana si no veo de la hinchazón, no pasa nada porque no tengo que ir a trabajar.

El mal genio se apodera de mí muchas veces. Me pongo de mal humor porque llevan picándome las ronchas horas, porque me rasco y siguen picándome y pierdo muchísimo tiempo rasca que te rasca. Si me tomo un antihistamínico se me pone peor humor, ¿por qué? Pues no lo sé exactamente pero creo que es porque quiero dormir, estoy en fase de sedación y cualquier cosa que me pregunten, si tengo que activar mi cerebro para responder, me molesta y me irrita. No se me quitan las ronchas pero por lo menos puedo descansar de tanto picor.

Al cabo del tiempo mi sensación es de agotamiento por esta enfermedad. Ahora me doy cuenta de la fortaleza que Dios me ha dado. Sigo en pie, luchando, aguantando, informándome, etc., pero sobre todo, es algo que nadie va a pasar por mí, con lo cual sólo tengo un camino y debo seguirlo.

Lloraré, ¡pero jamás me rendiré!

Lo mejor que puedo hacer es intentar ser consciente de que si aparece, debo de tener paciencia conmigo misma, es algo que está ahí, que es latoso pero que dentro de lo que cabe, es una enfermedad “pasable”. Nunca debemos anteponerla a otra enfermedad que acabe con la vida de las personas.

El mejor consejo que puedo dar al resto de personas que la padecemos (y yo la padezco a diario y por todo el cuerpo) es que, por suerte, es una enfermedad con la que se puede convivir. Quejarse no es la solución y no podemos estar quejándonos constantemente porque a las personas que conviven con nosotros también les afecta y oír lamentar a una persona es muy cansado mentalmente. Por lo menos debemos de cuidar eso, nuestra convivencia con nuestro entorno.

testinomio-isabelPobres de nosotros que tenemos urticaria pero, ¿y ellos? Qué pasa con nuestros familiares que nos ven a diario, que nos aguantan, que nos quitan de coger cosas, que se quedan a nuestro lado si no podemos andar más deprisa, que nos agarran la mano para que no nos rasquemos más, que rezan junto a nosotros para que se nos quite esta enfermedad. Ellos se tienen reconocido también el gran esfuerzo que hacen junto a nosotros y lo hacen porque nos quieren.

¿Y nuestros hijos? Mi hijo de 2 años también tiene urticaria cada vez que le va a salir un diente, cuando está nervioso, o cuando se da algún golpecito, aunque sea pequeño, y se le hincha y pone todo rojo alrededor. Tiene su propio antihistamínico. Es horrible ver a tu bebé que no puede dormir y patalear y tener que darle un medicamento como este para que por lo menos le deje descansar.

¿Es hereditario? Pues desgraciadamente en mi caso sí.

Sabemos que debemos seguir luchando por una medicación que nos quite esta enfermedad pero ante todo y hasta entonces ¡Ánimo! Mucho ánimo y paciencia.

¿Cómo viven familiares y personas de vuestro entorno la urticaria que padecemos?

Os invitamos a conversar sobre esta cuestión en el foro, donde hay un debate abierto sobre el tema.

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Sobre Isabel Morales

Isabel Morales vive en Salamanca y padece urticaria idiopática desde los 21 años. De soltera a casada y de esposa a madre, después de 11 años  vive el día a día siendo feliz con todo lo bueno y lo malo que la vida le ha dado.

Foto https://flic.kr/p/4FnniN